El Pulmón de Hierro

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El alcalde, don Ramiro «El Renovable», inauguraba con oratoria pomposa el nuevo Parque Ecológico «Esperanza». Prometía un pulmón verde para la ciudad, un oasis de frescura en medio del asfalto. La multitud aplaudía, y los fotógrafos disparaban sus flashes mientras él cortaba la cinta inaugural, una cinta de rafia biodegradable, por supuesto. Un hedor químico, sutil al principio, luego inconfundible, empezó a flotar. Un perro callejero, al intentar escarbar junto a un recién plantado laurel, desenterró un trozo de metal corroído y lo dejó caer con un gemido. El olor se intensificó. Resultó que el «suelo fértil» era una fina capa sobre una antigua escombrera de residuos industriales, compactada y olvidada. Don Ramiro, con la sonrisa aún pegada, anunció que era «una innovadora iniciativa para reciclar el subsuelo urbano».