La Máquina de los Gestos Inoportunos

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Perpetuo, un inventor autoproclamado, presentó con gran pompa su última creación: un dispositivo para automatizar la cortesía. Según él, su «Aparato de Saludos Programados» liberaría a la humanidad de la torpeza social. La demostración tuvo lugar en el ayuntamiento, ante una audiencia escéptica. Al activarlo, el artefacto, que parecía una tostadora con brazos de alambre, comenzó a funcionar. En lugar de un saludo elegante, el brazo mecánico se extendió, golpeando accidentalmente la bandeja de canapés, esparciendo aceitunas por doquier. Luego, con un movimiento brusco, propinó una palmada sonora en la espalda del alcalde, quien se atragantó con un dátil. -¡Falta calibración! -exclamó con orgullo Perpetuo-. ¡Pero la idea es revolucionaria! La sala estalló en una carcajada contagiosa, mientras el aparato seguía gesticulando erráticamente, ahora intentando estrechar la mano de una estatua.