El tic-tac del grabador

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La grabadora giraba con un suave zumbido, el único sonido que competía con el goteo constante de la cafetera en la cocina. Elena observaba al anciano sentado frente a ella, su rostro surcado por profundas líneas, testimonio de inviernos y decisiones irrevocables. Había buscado esta entrevista durante meses, persiguiendo el enigma de su desaparición tras el escándalo financiero que sacudió la ciudad décadas atrás. Él, un antiguo magnate, solo respondía con monosílabos, sus ojos esquivando los suyos. Elena formuló su pregunta más incisiva, esa que contenía el nexo crucial con el desfalco. El hombre apretó los labios, un gesto de resistencia, antes de soltar un nombre, apenas un murmullo, que no figuraba en ningún expediente. La periodista sintió un escalofrío. El dispositivo seguía registrando, indiferente al peso de aquella revelación inesperada, un hilo diminuto que desvelaba una compleja red de complicidad que reescribiría la historia oficial.